Jacob

 

“Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:6)

Dios se presenta a Moisés como “Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” a partir de ahí, Moisés reconoce al Dios que le está hablando.

Abraham es conocido como el padre de la fe.

Isaac es alguien de transición, es hijo de y padre de, pero en si poco hace.

Jacob viene a ser el que da nombre a todo un pueblo. Dios le cambia el nombre y pasa a ser llamado Israel, y este es el hombre por el que hoy se conoce al pueblo judío.

Moisés conoce a Dios gracias a Jacob, y el mundo conoce a los judíos gracias a Jacob.

 

¿Quién es Jacob?

1.- “Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz” (Génesis 25:26) Es hijo de Isaac, gemelo de Esaú, nació el segundo y agarró por el tobillo a su hermano al nacer.

2.- Su carácter.- Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas” (Génesis 25:27)

Por fuera la apariencia de Jacob era la de un hombre tranquilo y hogareño, “un buen chico”.

Por dentro era un engañador: Cambió la primogenitura por lentejas, se disfrazó para conseguir la bendición.

Todos tenemos una apariencia externa y otra interna.

La gente nos ve cómo queremos que nos vean, es más en algunos sitios nos ven de una manera y en otras de otra (gánster cariñoso con sus nietos), (pareja amable con todos y desagradable en casa contigo).

Creamos múltiples imágenes según nos venga conveniente.

Son caretas con las que representamos nuestro papel en la vida según nos conviene.

 

Proceso de Dios con Jacob

Somos como somos, pero Dios quiere trabajar con nuestras vidas para hacernos mejores.

Todos estamos en un proceso de cambio.

Dios estuvo todo el tiempo tratando el carácter de Jacob, y según los momentos necesito golpes o caricias.

Veamos el proceso:

 

1.- Le quitó su seguridad.- Tuvo que huir  Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” (Génesis 27:41)

Ante el temor de que el hermano le matara huyó.

Dios le separó de lo que quería (su hogar y su madre) y lo dejó solo en medio de un desierto.

El trato de Dios comenzó quitándole la seguridad, y colocándolo en un mundo extraño para él.

Le colocó en un lugar de inseguridad donde todo lo que le había sostenido hasta ese momento desapareció.

 

2.- Se le manifestó.- “Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16)

Dios se le manifiesta en un sueño donde ve ángeles que suben y bajan por una escalera.

Dios le saca de su seguridad para mostrarle que ahora la seguridad no está en lo que le rodea, sino en Dios.

Dios quiere que hagamos un trasvase de confianza, que la quitemos de nosotros mismos, de nuestras propias circunstancias favorables o no, y las pongamos en Él.

 

3.- Le manda otro engañador.- Dios envuelve al engañador con otro engañador que le va a pagar con la misma moneda.

Labán, su suegro, le engaño múltiples veces de diferentes maneras. Dios va a mandar a tu vida “la horma de tu zapato”.

Si eres engañador te engañaran, si eres orgulloso te humillaran, si eres agresivo te darán una paliza.

Las circunstancias y los palos en la vida son el trato de Dios para hacerle mejor.

Dios va a trabajar con tu carácter en tu trabajo (compañeros, jefe, sueldo, etc.), en la iglesia (hermanos, pastor, etc.), en la familia, en las circunstancias, etc. Dios quiere tratar contigo porque quiere hacerte mejor.

 

4.- Una hija ultrajada y dos hijos que le ponen en un compromiso.- “Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país.  Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró” (Génesis 34:1-2)

Dina es ultrajada y sus hijos (Simeón y Leví) actúan malvadamente sin ni siguiera consultar con el padre. Poniendo en evidencia y peligro a Jacob.

“Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa. (Génesis 34:30)

Otro golpe, sus propios hijos empiezan a padecer o a hacer cosas dolorosas para él.

 

5.- Dios le sigue hablando.- “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Bet-el” (Génesis 35:15)

A pesar de los palos de la vida, Dios se revela frecuentemente a Jacob para darle ánimos, mostrarle que está con él, y darle promesas para su futura descendencia.

 

6.- Aunque muera la esperanza la promesa sigue viva.- Pierde a su hijo predilecto, José.

“Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días” (Génesis 37:34)

No estaba muerto, pero la información que le dan sus otros mentirosos hijos es que había sido asesinado por una bestia, así que para Jacob estaba muerto.

Jacob ve la muerte de José, todo estaba perdido, el único que se escapaba y ya no estaba, pero la promesa seguía viva.

Aunque el diablo venga a engañarte con que no hay salida ni solución, cree a Dios, la promesa sigue viva.

 

7.- Jacob bendice a Faraón y profetiza.- “También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón” (Génesis 47:7)

Al final de sus días Dios lleva a Jacob a bendecir al hombre más poderoso de la tierra en ese momento y a profetizar a sus hijos.

Todo lo contrario de engañar: bendecir y profetizar.

Dios cambia la boca de Jacob igual que quiere cambiar tu boca y todo tu ser.

Estamos en la depuradora de Dios, abrace su trato, es para hacerle mejor.

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